Me siento a escribir esto justo cuando tuve una mentoría con una clienta muy power. Ella lo tiene todo. Es magia pura en cada proyecto que interviene… pero resulta que eso lo sabemos las que trabajamos con ella nada más.
Porque para su negocio no lo aplica. ¿Y qué pasa?
Sube posteos que termina borrando. Se graba y se siente actuada. Tiene una web que no la representa. Le da culpa vender sus servicios. No sabe cómo explicar qué es lo que hace sin enredarse en sus propias palabras. Ella tiene todo claro para sus clientas… pero nada para ella.
Y es muy difícil cuando recibís mil elogios y ves resultados en los demás, pero vos no sos capaz ni de aplicarlos ni de hacerlos realidad en tu propio negocio.
A mí me pasó también.
Un día tuve una sesión con una de mis mentoras y me dijo algo que me dejó tiesa: que nada de lo que yo hacía con mis clientas lo aplicaba a mi negocio. Casi muero. Me sentí una completa farsante. ¿Cómo era posible que yo acompañe procesos de dirección de marca si no podía dirigir la mía?
Ese día tuve una charla muy seria conmigo misma y pude reconocer algo simple (y bastante incómodo): yo no me estaba dando tiempo para gestionar mi negocio. Había llenado mi agenda de reuniones y trabajo de diseño para mis clientes, pero no para mí.
¿El resultado hasta ese entonces? La nada misma.
Mi marca no mostraba quién era yo ni lo que podía ofrecer porque no había dedicado ni un momento de calidad a ordenar, enfocar y dar dirección a mi negocio.
Tenía trabajo, sí. Pero porque me recomendaban constantemente. Los que vendían mis servicios eran mis propios clientes. No era yo. No era mi web. No eran mis redes.
Así que me tocó ser mi propia clienta: buscar personas claves que me acompañen y trazar el camino que quería seguir como marca personal, como diseñadora y como mentora de branding y web.
Una marca se siente rara cuando…
Una marca se siente rara cuando te cuesta decir lo que hacés. Cuando no sabés explicarlo. Cuando te ves forzada grabando una presentación o sos incoherente entre lo que decís y lo que hacés. Pensás: “esto no soy yo, esto no me representa.”
Y esto se nota cuando las ventas no aparecen… o cuando te preguntan a qué te dedicás y empezás a armar 42 oraciones sin hilo conductor porque ni vos sabés cómo comunicarlo.
Checklist de síntomas (a ver si te pasa alguna)
- Cambiás de estilo todo el tiempo. Un mes minimalista, al siguiente full rosa, después degradados. Tu identidad cambia según la moda o el humor.
- Te copiás referencias y después te dan rechazo.
- Tu bio dice una cosa y tus posts otra. La bio la hiciste “a conciencia”, pero el contenido es prueba y error, incoherente, y no sale de lo auténtico de tu marca.
- Tus precios te incomodan decirlos. Si no podés decir tus valores con seguridad, hay trabajo que hacer. Valorar lo que hacemos es un paso clave para poner precios. Si no valorás vos primero… ¿quién va a valorar después?
- Te cuesta repetir un mensaje. Cada semana un servicio nuevo, una masterclass, una invitación al WhatsApp. Mil ideas, mil frentes… pero cero foco y estrategia.
- Tu contenido suena lindo pero no convierte.
- Te da vergüenza vender aunque sabés que ayudás. “No soy buena vendiendo”. Te cuento un secreto: lo que vende es la coherencia, lo auténtico, que seas real y dejes de ser una mezcla de todo lo demás.
- Sentís que estás interpretando un personaje. Copiás una tendencia o indicaciones de otro que no representan quién sos.
- Atraés clientes que no querés. Cuando hay claridad y conocés a tu cliente real, el mensaje llega al receptor correcto.
- Te elogian lo visual pero nadie te compra. “Todo muy lindo… pero no sé bien qué hacés.”
A mí me pasó la del feed: bien de diseñadora, siempre lindo y prolijo… pero lo que estaba diciendo a nadie le llegaba. Lo de los clientes también me pasó por lo mismo: hablaba sin dirección, sin objetivo ni razón.
Y hubo un tiempo que hacía gestión de redes pero todavía no sabía bien mi raíz: grababa videos, bailes, cosas que me hacían ver divertida… pero no mostraban el mensaje que yo necesitaba. Era una moda que todos aplicaban para que los videos sean “más llevaderos”.
Y ojo: eso no está mal como técnica.
Pero cuando te parás frente a la cámara y decís lo que tenés para decir, vas a atraer a quien tengas que atraer porque esas personas van a conectar. Y no se necesita bailar para conectar.
Las 5 causas típicas (raíces) de que se sienta rara
Te dejo 5 ejemplos que posiblemente hayas hecho y 5 preguntas para que te hagas. Responderlas te trae claridad sobre desde qué lugar estás comunicando:
- Historia prestada: contás desde “lo que debería ser” y no desde lo que es verdad para vos.
Pregunta: ¿Qué parte de tu relato está copiada (tono, frases, postura, arquetipo)? - Promesa inflada o confusa: decís mucho y queda poco claro (o al revés).
Pregunta: ¿Qué prometés hoy? ¿Se entiende en 1 frase? - Cliente ideal imaginario: hablás a alguien que no existe o no compra.
Pregunta: ¿A quién le hablás cuando escribís? ¿Quién te compra en realidad? - Visual antes de raíz: lo estético tapa la falta de dirección.
Pregunta: ¿Qué definiste primero: colores o posicionamiento? - Miedo en el volante: la marca se adapta para no incomodar (y pierde verdad).
Pregunta (más clara para vos): ¿Qué evitás decir por miedo a que te juzguen, te rechacen, o se vayan?
Ejercicio simple: “Eso no soy yo”
- Escribí 5 frases de tu marca que te dan cringe o no te representan.
- Al lado anotá: ¿qué querías lograr con esa frase? (seguridad, autoridad, pertenecer, vender, gustar)
- Reescribila con tu voz real (como se lo dirías a una amiga).
Opcional: Semáforo de alineación
- Verde: cosas que diría sin esfuerzo
- Amarillo: me sale, pero me tenso
- Rojo: lo digo y me desconecto
Cierre
Que tu marca se sienta rara no está mal. Es muy común que suceda. Pero hay formas de ordenar todo para que fluya hacia donde querés.
No necesitás reinventarte: necesitás volver a tu raíz. Conectar con vos, con lo que hacés, para qué y para quién.
Si querés, en una sesión de diagnóstico lo charlamos y te llevás claridad para dar un primer paso.
