5 señales de que estás improvisando tu marca (y cómo volver al foco)

La premisa número uno de la improvisación es simple: “no tengo un plan”. Básico, ¿no?

Y ojo: podés tener mini planes, mini listas, mini prioridades del día… y sí, eso ordena tu semana. Pero no necesariamente ordena tu dirección.

Porque una cosa es organizarte para “llegar a fin de semana”. Y otra muy distinta es construir algo con foco, estrategia y coherencia a largo plazo.

A mí igual, te confieso: a veces hacer lo que salga me copa. Me despeja. Me saca presión. Me siento más auténtica.

Pero acá está la clave:
lo auténtico no es lo improvisado.
Lo auténtico aparece cuando tenés claro de qué hablás, por qué lo hacés y para quién.

Los objetivos a largo plazo requieren menos impulso y más dirección.

Y sí: la improvisación puede ser parte del plan… cuando está prevista.
Ejemplo simple: yo puedo elegir fluir con 2 de 5 publicaciones. Las otras 3 van con foco hacia una estrategia.

Y esto no aplica solo a redes. Improvisamos en toda el área negocio. Muchas veces pasa cuando el hobby se vuelve trabajo: empiezan los pedidos y hay que resolver cómo cobro, cómo entrego, cómo me muestro profesional, y encima… qué diseño le hago a todo. Ahí metemos mano como podemos, especialmente en lo visual.

Mi anécdota 

Hace años tuve un emprendimiento de encuadernación artesanal: diarios, recetarios, cuadernos personalizados, lo que se te ocurra.
Empezó como relax. Yo era mamá muy nueva y necesitaba una actividad que no fuera pañales y teta.

El boca en boca hizo lo suyo y de repente… boom: pedidos.
Y yo en la urgencia de improvisar: packaging, etiquetas, tarjetitas… y claro, un logo.

En un momento lo dejé. No porque no fuera lindo: era hermoso.
Lo dejé porque me estaba pidiendo expandirme, y yo no quería eso. Yo quería seguir en mi mini taller, sola, con dedicación total a cada producto.

Y sí… me cagué en las patas también.

¿Lo importante?
Que improvisar al comienzo es normal. Pero cuando tu negocio deja de ser hobby y entra en etapa de crecimiento… improvisar te empieza a salir caro.

Así que si te ves en alguna de estas señales, no es para que te culpes.
Es para que dejes de avanzar a ciegas y empieces a construir con dirección.


 

5 señales de improvisación (en tu marca y tu negocio)

1) A todo le digo que sí

Decís que sí por miedo a perder oportunidades… y terminás con una agenda llena y una marca sin identidad.
Señal clara: estás ocupada, pero no necesariamente avanzando.

2) Armo mi oferta según la necesidad del cliente

Si cada cliente “define” tu servicio, tu negocio no tiene forma.
Tu oferta necesita límites, nombre, pasos y criterio.
Si no, vivís en modo: “¿y ahora qué le armo?”

3) No tengo objetivos ni sé dónde voy

Acá no hay vueltas: si no hay norte, todo se siente igual de urgente.
Y ahí caés en la trampa de hacer cosas “porque hay que hacer”.

4) No sé cuál es el propósito de cada posteo (ni de cada acción)

Publicás por presión, por cumplir, por ansiedad…
pero sin intención, el contenido se vuelve ruido.
Y el ruido agota.

5) Cambio de colores y diseños cada varios meses

Esto parece “creatividad”, pero muchas veces es síntoma: estás buscando identidad visual para tapar falta de dirección.
La coherencia no es estética: es estrategia.

 

Si te viste en 1, 2 o 3 de estas señales, escribime.
No para que “te organices mejor”, sino para que construyas una marca con raíz, foco y mensaje.

Porque fluir está buenísimo.
Pero cuando tu negocio crece, necesitás dirección.

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