BRANDING + IDENTIDAD VISUAL
Construir una identidad artesanal sin caer en los códigos obvios de pastelería.
Any Pâtisserie era un emprendimiento de pastelería que ya vendía sus productos y quería dar un paso más: profesionalizar su presentación, construir una identidad propia y llevar esa experiencia también al entorno digital.
El punto de partida fue transformar algo que ya tenía valor —sus productos y una forma muy personal de entregarlos— en un sistema visual capaz de acompañar el crecimiento de la marca.
Identidad visual · Sistema gráfico · Packaging · Aplicaciones
EL PUNTO DE PARTIDA
El producto ya tenía personalidad. La marca todavía no.
Analy llegó recomendada por otra clienta.
Ya vendía sus productos, pero no tenía una identidad visual desarrollada ni un sistema que acompañara la presentación del emprendimiento.
Quería poder:
- entregar sus productos con una imagen más cuidada;
- incorporar tags y etiquetas;
- tener un logo propio;
- profesionalizar la experiencia de compra;
- y más adelante sumar una tienda online.
Un producto con valor
La calidad y el cuidado ya estaban presentes.
Una identidad por construir
No existía un logo ni un sistema visual previo.
Una experiencia por profesionalizar
La presentación necesitaba estar a la altura del producto.
EL DESAFÍO
Encontrar una identidad delicada sin hacer “lo de siempre”.
En una marca de pastelería era fácil caer en recursos demasiado obvios: cupcakes, tortas, utensilios o códigos excesivamente dulces.
El desafío fue construir una identidad artesanal, femenina y delicada, pero con una personalidad propia.
Había además un elemento que Analy quería conservar sí o sí:
la lavanda.
Ella tenía la costumbre de incluir una pequeña flor de lavanda en sus cajas de entrega.
Ese gesto real del emprendimiento se convirtió en uno de los puntos de partida del sistema visual.
LA IDEA
Unir la lavanda con el mundo de la cocina.
La identidad nació de combinar dos universos:
- lo natural y delicado de la lavanda
- lo artesanal de la pastelería.
La solución fue integrar la flor con un batidor, creando un símbolo que conectara ambos mundos sin depender de una representación literal del producto.
Ese isotipo se convirtió en el centro del sistema.
La identidad no se inventó desde cero: partió de algo que la marca ya hacía de forma natural.
LA IDENTIDAD VISUAL
Una identidad pensada como sistema.
El trabajo incluyó:
- logotipo;
- isotipo;
- versiones de marca;
- paleta cromática;
- selección tipográfica;
- patrones;
- recursos gráficos;
- fondos y texturas;
- aplicaciones para packaging;
- piezas para redes;
- etiquetas y tags.
La paleta combinó tonos lavanda, verdes, amarillo suave y un tono oscuro de apoyo.
El resultado buscaba transmitir:
delicadeza · frescura · artesanalidad · cuidado
sin perder legibilidad ni flexibilidad de uso.
DEL CONCEPTO A LA EXPERIENCIA
La identidad tenía que vivir en el producto.
Una de las prioridades del proyecto era que la marca no quedara sólo en el logo.
El sistema se aplicó en elementos concretos de la experiencia de compra:
- tags;
- etiquetas;
- stickers;
- tarjetas;
- cajas;
- fondos;
- piezas para redes;
- recursos gráficos para packaging.
UNA DECISIÓN IMPORTANTE
No diseñar “pastelería”. Diseñar Any.
La identidad no se construyó copiando los códigos habituales de la categoría.
Partimos de un gesto propio de la marca —la lavanda en las entregas— y lo transformamos en un lenguaje visual capaz de acompañar distintas piezas.
Lo distintivo no estaba en inventar algo extravagante. Estaba en reconocer qué ya hacía especial a la marca.
EL RESULTADO
Una marca lista para presentarse de otra manera.
Any terminó el proceso con una identidad visual completa y un sistema aplicable a distintos puntos de contacto.
La marca pudo pasar de una presentación más informal a una experiencia más coherente y reconocible, capaz de acompañar tanto el producto físico como su presencia digital.
El proyecto también incluyó posteriormente una tienda online, aunque hoy ya no se encuentra activa.
MIRADA ACTUAL
Lo que hoy haría distinto.
Hay algo de este proyecto que todavía mantendría:
- la lavanda como punto de partida;
- la unión entre naturaleza y cocina;
- la construcción de un sistema visual más allá del logo;
- la paleta;
- el uso del patrón;
- la intención de trasladar la identidad a la experiencia del producto.
Lo que hoy cambiaría sería principalmente el tratamiento ilustrativo.
En ese momento desarrollé varios recursos dibujados para ampliar el universo visual. Hoy los resolvería de una forma más sintética, consistente y cuidada.
Buscaría menos elementos, mejor terminados y con un lenguaje gráfico más sólido.
No cambiaría la idea. Cambiaría la forma de resolverla.
Una identidad no debería sentirse agregada al final.
Debería nacer de lo que hace especial a la marca y ayudar a que esa diferencia pueda verse.
¿Tu marca también necesita una identidad que acompañe el nivel de lo que hacés?